Solo esta semana se autorizó formalmente la incorporación al trabajo de las trabajadoras domésticas y en ciertos horarios para evitar congestionar el transporte público masivo. Sin embargo, muchas “patronas” le habían “pedido” a las empleadas regresar al trabajo, sin cambio alguno en sus rutinas a pesar de la situación difícil que se vive por la pandemia.

El trabajo doméstico sigue siendo explotado y no se les reconoce ni el salario justo, ni se cumplen horarios, ni se les garantiza la seguridad social, a pesar de la pelea que viven dando mujeres como María Roa y Ana Salamanca en los últimos 20 años. La batalla de más de 680 mil trabajadoras domésticas organizadas ha dado fruto en n los últimos años: en el 2013 el Ministerio del Trabajo les reconoció la cotización a seguridad social para quienes laboren por periodos inferiores a un mes. En 2016 la Corte Constitucional además les reconoció el pago de una prima a cuotas después de una dura batalla que también se dio en el Congreso. Ese mismo año la Corte también reconoció el derecho que tienen las trabajadoras domésticas a una pensión.

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