“Cuando esto pase yo miro si la llamo”. Ese es el mensaje que miles de trabajadoras domésticas han recibido de sus empleadores desde el pasado 20 de marzo, cuando se inició el aislamiento por el coronavirus en Colombia. No solo no pueden salir de su hogar para cumplir con su trabajo limpiando, cocinando y cuidando otras casas, sino que el aislamiento hizo que sus labores se volvieran prescindibles. El resultado: desempleo.

Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares 2019, del Dane, más de 687 mil personas se dedican al trabajo doméstico en Colombia. De esta cifra, el 95 por ciento son mujeres, muchas cabeza de hogar y en condiciones precarias. “Estamos en la informalidad de la informalidad”, dice Ana Salamanca, presidenta del Sindicato de Trabajadoras del Hogar e Independientes, Sintrahin.

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